
A finales de la década de los años 20, un joven de clase trabajadora apodado Ritty pasaba la mayor parte de su tiempo jugando en su “laboratorio” en la casa de sus padres en Rockaway, Nueva York.
Su laboratorio era una vieja caja de embalaje de madera, equipada con estantes que contenían una batería de almacenamiento y un circuito eléctrico de bombillas, interruptores y resistencias.
Uno de los inventos del que estaba más orgulloso era una alarma antirrobo casera que lo alertaba cada vez que sus padres entraban en su habitación.
Usaba un microscopio para estudiar el mundo natural y, a veces, sacaba su equipo de química a la calle para realizar trucos para otros niños.